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Prolegómenos para una historia del futuro

Un ciclo histórico de larga duración es  la posibilidad de recuperar la historia de la civilización mesoamericana, que data más allá  de  cinco mil años de existencia civilizatoria, desde los Olmecas pasando por los Cholultecas, Mexicas, Mayas, Incas, Quechuas,etc. Una  cultura que no es lo que cuenta occidente en sus historietas mal llamadas Historia Universal, pues Mesoamérica toma vida, según los manuales de  la  historia oficial, a partir de la conquista de América, proceso que dura cerca de  tres siglos, tiempo aparentemente suficiente como para poder “transculturalizar a la población india – negra y mestiza”, violentada a aceptar la mentalidad del occidente y sus formas de  culturalización. Guerras de conquista, formas de  producción, de religión y de educación. Luego, 200 años de lucha de independencia.

Las culturas mesoamericanas que han comprendido todo límite temporal antropológico, cósmico y vital, etc., pues su conciencia del tiempo  les ha permitido reconocer sus ciclos de civilización, auge y decadencia. Sabedores de la posibilidad de reconstrucción cultural y política han fundado ciudades, erguido poderes políticos y los han abandonado o destruido cuando se ha abusado de la naturaleza y del poder, por parte de las autoridades, llámense sacerdotes, gobernantes, etc.

La cosmovisión de los pueblos mesoamericanos y su capacidad de leer y medir el tiempo del hombre en el cosmos, de la naturaleza y del hombre, ha quedado palmariamente demostrada en miles de vestigios escultóricos, arquitectónicos, pictóricos, etc. y su aplicación a los ciclos de siembra y producción, llevaron a la cultura de maíz  a la satisfacción de las necesidades humanas. Esta cultura en el presente se ve seriamente amenazada de hambruna por las formas de producción de la civilización occidental, llamada capitalismo global en la primera década del Siglo XXI.

Mi tarea, que considero fundamental, consiste en establecer un diálogo,  sin ídolos como diría Bacon, entre los métodos históricos de occidente: la escuela de los anales, el método del materialismo histórico (los modos de producción), la dialéctica, sin  compartir la pretensión del universalismo conceptual; es decir, que los conceptos tengan no una única interpretación, sino de una manera analógica puedan o sean susceptibles de aplicación, con todas las limitaciones que da el hecho de pertenencia a culturas diferente y diferentes formas de pensar y hacer.

Con una  formación en la cultura occidental, pienso en la posibilidad de sacar conclusiones diferentes con planteamientos antropológicos que nos separan de  la posición oficial, la cual consiste en afirmar la globalización, sea cual fuere en este Siglo XXI el destino de los pueblos mesoamericanos, cosa falsa y dogmatica, ya que con ello lo único que se afirma es la globalización de los mercados (mercancías), o sea el destino manifiesto del capital globalizado. Pero, dejando fuera a todas aquellas comunidades y países que no tienen capacidad de compra, dólares suficientes (consumo), y a todos aquellos hombres, mujeres y niños que no tendrán posibilidad de conseguir un trabajo como posibilidad de realización de sus capacidades físicas, intelectuales y humanas. Ni siquiera un trabajo asalariado es posible conseguir, a pesar de las prédicas ‘humanistas’ de los gobiernos en turno.

El ciclo de larga duración traspasa varios modos de producción: la producción de auto subsistencia, la producción colonial y/o feudal, la producción capitalista, ésta tiene poco más de un siglo en México y su impacto ha sido heterogéneo, sin llegar a alcanzar las regiones más pobres del país.

La contradicción existente entre las ya de por sí pobres comunidades indígenas, acelerada por el capitalismo voraz, contra la necesidad del capital de ensanchar sus mercados de consumidores. Pues si bien es cierto que las mercancías llegan a los más recónditos rincones del país, también es cierto, que en más de dos terceras partes del territorio no existen corporaciones multinacionales, ni tiendas de autoservicio, ni industrias manufactureras y mucho menos la maquinización del campo, condición previa al desarrollo capitalista nacional.

Los procesos de estupidización a través de las cadenas televisoras, monopolios apoyados por el gobierno, no han podido quebrantar la conciencia popular, indígena y mestiza de la gran mayoría del país, que rema contra la escuela oficial en los procesos de formación de la conciencia de los mexicanos.

Un ciclo de larga duración no se reduce a quinientos y tantos años de la conquista y dominación imperial, ésta es tan sólo una etapa, la peor, de nuestra historia como mesoamericanos y como mexicanos “independientes y libres”. Es también cierto que el siglo que recién terminó ha acelerado nuestra noción del tiempo, pues los acontecimientos transcurren con más celeridad, debido a los medios de comunicación, lo cual no necesariamente significa una conciencia más alta y mejor de nuestra calidad humana. Lejos de ellos, pienso que el acelere de los medios de comunicación ha impedido una mayor reflexión sobre los procesos históricos.

Se ha hecho por demás evidente que lo que acontece en un país no es local, sino que reviste formas de luchas reivindicativas generales. Por ejemplo: el movimiento estudiantil del 68 en México tuvo su expresión también en Francia aunque con otras características, o al revés.

Un acontecimiento como el movimiento estudiantil del 68 no ha sido puesto en la mesa de la reflexión, sus alcances y repercusiones; quizá sea porque muchos de los participantes y líderes han mediatizado su lucha hasta lograr alguna posición política y económica.

Durante veinte años se gestó un movimiento indígena de filiación zapatista, hasta su alzamiento en 1994. Ello da cuenta de los largos procesos de lucha. De la segunda mitad del siglo pasado, datan el movimiento ferrocarrilero, de electricistas, magisterial, de médicos, tan sólo por citar los que causaron un  mayor impacto en la sociedad civil, y dirigidos todos en contra del gobierno y de las estructuras de poder autoritario. De cierto sabemos que el mal gobierno “se consagró” a la cacería y encarcelamiento de los dirigentes opositores. Toda esa fuerza política de protesta ha golpeado a un sistema político autoritario hasta resquebrajarlo, el sistema de partido de estado. El PRI, que negándose a morir ha cambiado de piel hasta convertirse en un sistema de partidos de estado: PRI, PAN, PRD, pues bien saben los diputados y senadores que un sólo partido es incapaz de gobernar porque no reúne ni siquiera a un tercio de electorado, del total del padrón. Por tanto, quienes gobiernan son minorías arropadas por una oligarquía compuesta por no más de treinta familias.

Todos los procesos de lucha política han enfrentado de una u otra manera al gobierno, el cual responde con represión y violencia. El “diálogo” se produce al momento de la rendición. Esa ha sido la tónica de los mecanismos de control de la oficialidad y sus voceros.

Se llegó a pensar que con el fin de siglo se cambiaría a otro tipo de gobierno de apertura democrática, situación que resultó falsa, pues se profundizó la corrupción y se abrió el camino a un gobierno de ultraderecha, que al no tener la legitimidad, vía las urnas, la pretende conseguir ganándose la voz del alto clero, éste dispuesto a cobrar favores con su decidido apoyo.

Una y otra vez los gobiernos en turno han manifestado su abierta complacencia a la integración comercial y financiera con el “vecino norte”, ya no deberían existir trabas a los flujos migratorios, ya que la fuerza de trabajo como mercancía debería de ser susceptible de compra y venta de acuerdo con las prédicas del “libre mercado”; ¿pero qué creen?, que esto no es cierto, pues ni hay libre mercado ni mucho menos fronteras abiertas para la libre circulación del trabajo asalariado, “socios comerciales” e inteligentes gringos con la súper dosis de oportunismo, léase pragmatismo, que los caracteriza, dicen no a lo que creen que no les conviene. Dicho sea de paso, ambos gobiernos, el mexicano y el yanqui, han experimentado un rotundo fracaso al pretender contener avalanchas humanas que emigran de toda Mesoamérica hacia allende el Rio Bravo. Parecería una paradoja histórica que lo que en otro tiempo fueron territorios mexicanos y amerindios se repueblan hasta alcanzar el estatuto oficial de Chicanos, es decir, México-americanos.

La historia tiene su propio  camino y no resulta difícil entender que la historia de los pueblos mesoamericanos es una historia que se escribe con la palabra migración. Así, por ejemplo, los fundadores de México fueron las tribus Chichimecas, provenientes  del norte (Aztlán); los mayas fueron migrantes, fundadores de imperios y ciudades; Los teotihuacanos emigraron para refundar otras ciudades como Tula; y qué decir de los Cholultecas, migrantes provenientes del norte. Y así toda la historia de migraciones como lo prueban algunos códices.

Moderadamente, durante el Siglo XX se dieron dos grandes procesos migratorios: uno a la ciudad de México, por un proceso de industrialización, que tiene un ciclo de duración de cuarenta y dos años (1940 – 1980), y el otro, que data a partir de la guerra mundial, que se acelera en los años 90, hasta la fecha; y más conocida es la migración hacia los Estados Unidos de Norteamérica 1990 – 2010 estimado en 40 millones de mexicanos.

Ambos procesos migratorios del siglo XX y lo que va del presente siglo, transcurren con migraciones hacia el interior del país y en otros estados causados por la necesidad de encontrar trabajo. Esta dinámica laboral obedece a ciclos agrícolas de producción y cosechas en las cuales se da un proceso de consumo intensivo de mano de obra; pero, a diferencia de las dos anteriores, una vez concluido el ciclo productivo los campesinos e indígenas retornan a sus comunidades; en tanto que en los grandes procesos migratorios se abandona de una manera radical el lugar de origen y se establecen nuevas formas de vida. La aportación de esa fuerza de trabajo a los centros y lugares transforma la vida económica de comunidad ya establecida, pero a su vez genera nuevas problemáticas, por la existencia de leyes racistas que lesionan la libertad y el derecho al trabajo y a una vida más digna (Ley Simpon-Massoli, Ley 1144, etc.)

Un ciclo de larga duración debe de ser examinado desde la óptica de una formación socio histórica mesoamericana que en realidad ha tenido tres largos periodos que van desde los Olmecas, “la fundación de Tenochtitlán”, hasta los mexicas; y desde la conquista, independencia y monarquía hasta nuestros días, lo que las separa una de otra es que con la conquista casi desaparece la población nativa a causa del trabajo forzado y semi-esclavizado de Mesoamérica e iniciándose un proceso de mestizaje y de división social en castas hasta la Independencia, a partir de entonces la recomposición social se produjo por la fuerza del status socioeconómico, quedando en los altos estratos sociales los españoles migrantes y los criollos nacidos aquí; luego, segundo de los criollos, estaba la población mestiza; indios, negros y mulatos compartían los estratos más bajos de la sociedad. Así pues, el coloniaje puso de cabeza la escala social. Lo cierto es que a pesar de la Independencia y de la declaración de los derechos humanos, los indios de México y Mesoamérica siguen ocupando los estratos sociales más  bajos y son los más pobres, en términos relativos y absolutos, al no contar con garantías sociales, a pesar de lo suscrito en convenios nacionales e internacionales.

Desde los olmecas hasta el abandono de Teotihuacán, siglo II a. c. Desde la fundación de Tulum hasta la caída de Tenochtitlán en la historiografía reciente.

Desde el análisis del capitalismo mexicano que con poco más de cien  años de existencia desde su aparición a fines del siglo XIX ha podido penetrar muy poco en la economía nacional. Así el proceso de sustitución de importaciones que duró aproximadamente cuarenta años, de 1940 a 1980, hasta su fracaso con el alto endeudamiento del país, más de ochenta mil millones de deuda pública. El proceso trunco de sustitución de bienes de capital fracasó para dar paso a un proceso de maquila principalmente (manufacturas de exportación), con capital extranjero, que resultó una panacea, pues algún secretario de estado llegó a decir que aspirábamos a ser como las economías orientales (Singapur, Malasia, Taiwán, etc. países que habían industrializado sus economías agrícolas). Ese era el sueño del gobierno tecnócrata en los ochentas, que buscaba una salida a la crisis económica estructural en la que estaba inmerso el país, que en realidad resultó un paso intermedio antes de abrir  las fronteras para firmar un Acuerdo de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica en 1993. El Tratado de Libre Comercio vino con una serie de inconformidades desde los productores nacionales, agrícolas sobre todo, implacable porque la industria en su conjunto estaba en manos de monopolios estando de acuerdo sin saber las nefastas consecuencias financieras y económicas para la producción nacional. En primer lugar, el TLC abrió las puertas para que el campesinado abandonara sus tierras y el país. Me refiero a que sin créditos para el campo, sin tecnología y con precios internacionales que no permitían una ganancia mínima, y con pérdidas crecientes, todo ello motivó la emigración. Añádase que el gobierno dejó de invertir físicamente en el proceso de la industrialización, la IFB (inversión física bruta) cayó hasta su mínima expresión. Parece de risa, pero hubo un periodo de desinversión, la reposición de la depreciación de la maquinaria cero tecnología, ello provocó la falta  de empleos productivos formales, obviamente la industria se redujo hasta el cierre, quiebra, venta de paraestatales con sus consecuencias de desempleo. La población de los grandes centros industriales  comenzó a  emigrar hasta tomar conciencia que el problema de crisis económica resultaría de difícil solución.

¿Cuál es la relación entre el ciclo de larga duración y los modos de producción, sus adyacentes ante determinadas coyunturas históricas, por las que en determinado momento se condensan las capacidades físicas e intelectuales de generaciones para transformar y/o revolucionar a la sociedad en su conjunto?

¿Cómo sabemos que estamos ante el fin de un ciclo de larga duración?

En el caso del continente americano y de Mesoamérica, su historiografía comienza en el momento en que Occidente descubre y conquista  a los pueblos de América. Esa historia oficial plagada de prejuicios contra los indios nativos y sus costumbres es lo que se ha venido contando.

A raíz de los descubrimientos de códices y de los avances de la arqueología y de otras ciencias antropológicas se ha dado un vuelco y una reinterpretación de la historia de los pueblos originarios de América. Demostrado está de sobra que fueron culturas altamente desarrolladas, Mayas y Mexicas entre otras más, con origen en la cultura Olmeca que según vestigios tiene más de cinco mil años de existencia. Aun hoy en día se conservan costumbres, lengua, y una visión del cosmos de la naturaleza y del hombre que mantiene un confrontado diálogo con los postulados de Occidente, a pesar de su debilidad académica ha subsistido por más de quinientos años.

Desde la conquista de América  y el casi exterminio de los indios mesoamericanos pasamos por trescientos años de colonialismo y doscientos años de Independencia (formal) jurídica. Hasta la globalización económica hemos visto transitar en lo económico, desde unas economías de auto subsistencia, pasando por un sistema semi feudal, hasta el capitalismo subdesarrollado enganchado en el siglo XXI por la globalidad de los mercados. Este ciclo de larga duración ha articulado varios modos de producción y aunque el capitalismo se señala como dominante, subsisten en gran parte del territorio mexicano otras formas  de producción.

Un modo de producción, el capitalismo, tiene posibilidad, como sistema económico, de hacer estallar y revolucionar el aparato productivo y la sociedad en sus relaciones antiguas, como sucedió en la Europa del siglo XVI y en Norteamérica, pero no acontecido de la misma manera en América (Mesoamérica), en la cual encontró obstáculos culturales y formas de vida milenarias, pues luego de un largo periodo de resistencia  anticolonialista y de haber proclamado su liberación de la esclavitud Imperial (Independencia política), y el modo de producción capitalista sentó sus bases para la expansión del capitalismo, el liberalismo ha penetrado en algunas regiones del país, industrializado menos el 5% del territorio nacional. En el resto del país subyacen formas naturales de producción y de auto subsistencia que no se integran al capitalismo monopólico dominante y que además funcionan casi independientemente como células de producción no capitalista, ni se rigen por criterios de rentabilidad, si bien es cierto que el dinero domina. Simplemente responden a necesidades sociales y de auto subsistencia y que cada vez más  van en aumento debido a la misma incapacidad del sistema capitalista dominante de generar empleos productivos. A este conjunto de  relaciones  sociales de  producción se le ha asignado un membrete llamado económicamente formal, y más recientemente se le denomina sector no estructurado de la economía y/o cuarto sector económico.

Con la revolución bolchevique se dio inicio a un modo de producción nuevo, el socialismo, éste estalló pues su periodo de duración fue menor a un siglo (1917- 1986) para reafirmar las relaciones capitalistas de producción a una fase superior llamada globalización de  los mercados y al dominio de los grandes monopolios vía fusiones de corporaciones y empresas mundiales. Este  fenómeno europeo tan fuerte en lo económico tuvo impacto evidente en Mesoamérica en el ciclo de larga duración. En cuanto a lo ideológico cultural, permitió evidenciar la necesidad de una mayor integración económica con Europa y la necesidad de una  adecuada legislación comercial justa, en cuanto a sus relaciones comerciales y políticas.

Bien podría decirse, entonces que el socialismo europeo fue una coyuntura en Mesoamérica dentro del ciclo de larga duración, como lo fue el periodo de independencia en su momento con el liberalismo. Así pues, la Carta Magna de 1917 está redactada con el espíritu social que respondió a las demandas en su momento histórico.

Bajo la bandera del socialismo y del comunismo aparecieron en el Siglo XX partidos políticos de izquierda que reivindicaron una transformación social revolucionaria para llevar al cumplimiento las demandas del pueblo. En todos los países del continente americano, la ideología por el socialismo se convirtió en un arma de lucha todo el mundo pero más fortuitamente en la 2da mitad del siglo XX. La lucha ideológica de liberales contra conservadores se trocó en socialistas contra capitalistas. El socialismo oficial europeo claudicó la lucha por el comunismo, comenzando por la URSS se fue abandonando la liberación de la esclavitud asalariada y la lucha por la emancipación de la humanidad sustituyéndola por la liberación de los mercados y la integración económica mundial.

En Mesoamérica y particularmente en México, el capitalismo subdesarrollado y dependiente pareciera consolidarse como el único modo de producción capitalista, pero por el contrario, existe en esta región una diversidad de modos de producción ¿producto de la descomposición del mismo capitalismo global?, modos de producción que van desde el esclavismo, pasando por el feudalismo, hasta un capitalismo monopolista en sectores claves de la economía.

Ello permite la posibilidad de una interpretación de la estructura socio económica (fuerzas productivas y relaciones sociales de producción) conocida como formación SOCIO-HISTÓRICA. Este concepto sienta la base para una correcta interpretación del todo social desde un punto de vista científico. El todo social es  constitutivamente una totalidad antropológica espacio-temporalmente fuente originaria del devenir social.

Los periodos de expansión y contracción de la población en la región son la potenciación de la dinámica social y de la historia y sus formas de vida.

Las fuerzas productivas son la capacidad de una sociedad determinada de producir mercancías, bienes y servicios. Esta capacidad  está determinada por las condiciones técnicas y tecnológicas (grado de desarrollo de  los instrumentos de producción), por la forma de propiedad de ellos, por las condiciones naturales en las que se da la producción, y final pero principalmente, la capacidad de producción está fundamentalmente en las fuerzas de trabajo, tanto la potencial como la que actúa. La potencialidad de la fuerza de trabajo está dada por su capacidad de pensar, imaginar, la fuerza misma y la experiencia de trabajo, es decir, la voluntad de actuar sobre los instrumentos de trabajo y sus condiciones  tecnológicas.

Las fuerzas productivas dominadas formalmente por el estado y por los monopolios transnacionales en realidad determinan el tipo de propiedad de los instrumentos de trabajo y sus productos. En cuanto a la fuerza de trabajo, los monopolios cuantifican y cualifican el tipo de fuerza de trabajo, normalmente, fuerza de trabajo asalariada domesticada por sindicatos afines a los lineamientos productivos monopólicos. El mercado laboral es cerrado, pues la fuerza de trabajo no tiene cabida, consecuentemente el desempleo crece y la mano de obra es barata, el estado capitalista se declara incapaz de crear empleos, crece el sub-empleo, en la medida en que se incrementa el capitalismo monopólico, este fenómeno se manifestó contundentemente a principios del los años  ochentas del siglo pasado, en México, luego del fracaso del desarrollismo. A los tres sectores de la economía tradicional capitalista se  suma un cuarto sector llamado en un  principio economía informal, hoy se le conoce oficialmente como “sector no estructurado” de la economía capitalista. Dada la importancia oficial reciente de este sector lo estudiaré como un fenómeno típico del grado de descomposición y de desarrollo del capitalismo  monopólico y globalizado.

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Esta entrada fue publicada el enero 16, 2012 por en La Coyuntura de los Oprimidos.

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