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El Teotihuacan Desconocido: Zacuala y Yahuala

La continuidad temática que develan los símbolos pintados en los muros de Zacuala es tan rigurosa, que el edificio  podría considerarse un inmenso libro cuyas páginas van desplegándose a la manera de un códice.

Entre la penumbra se distinguen her­mosos murales pintados al fresco sobre el estuco, escenas mitológicas protago­nizadas por dioses y sacerdotes en una armonía total, reflejando el papel de los primeros como protectores de la huma­nidad y los segundos como guías de la conducta que el pueblo debía observar para tener contentas a las deidades que los habían creado mucho tiempo atrás…

Entre soberbios murales, que ahora se deshacen a la intemperie por la acción inmisericorde de la lluvia, la vegetación, el viento y el sol.Estos palacio y sus hermosos murales fueron descubiertos por La arqueóloga francesa Lau- rette Séjourné: “En los años 1955-1958, Laurette Sé­journé excavó un palacio en Teotihua- can-Zacuala. Durante la exploración encontró las primeras tumbas que con­tenían ofrendas descubiertas en Teoti- huacan. Las paredes del palacio estaban cubiertas con murales, que la descubri­dora interpretó como representaciones del mito de Quetzalcóatl.”

El arduo trabajo que significó el descu­brimiento del palacio de Zacuala, es resumido por la arqueóloga descubrido­ra de la siguiente manera:

“Exploraciones iniciadas al azar en un terreno desocupado, nos permitieron, al cabo de tres temporadas de trabajo, descubrir un palacio de más de 4 000 m2. A 200 m del primero, hemos descubierto después un templo con una superficie de 3 600 m2… El descubrimiento de [estos] dos edificios proporcionó cantidades as­tronómicas de… decenas de millares de fragmentos de esculturas de tierra cocida, así como más de un millón de trozos de cerámica… En cuanto a los edificios mismos, con sus paredes enteramente recubiertas de frescos, sus menores detalles amorosamente trazados y pulidos, sus planos de conjunto repitiendo dibujos simbólicos, son inmensos objetos pre­ciosos…”

En cuanto a Yayahuala, la misma au­tora refiere:

“Yayahuala -el edificio que he termi­nado de descubrir en marzo de 1961— ofrece un elocuente testimonio… el exa­men atento de sus diferentes niveles re­vela que el muro de 240 m que lo encie­rra, corresponde a la construcción más antigua y no fue jamás modificado…”3 De los palacios de Zacuala y Yayahuala proceden bellísimas figuras simbólicas como el “hombre-pájaro-serpiente” y el “dios de los peregrinos o mercaderes” (Yacatecuhtli) entre muchos otros ejem­plos de la maestría teotihuacana en la pintura al fresco:

“La continuidad temática que develan los símbolos inscritos sobre los muros del palacio de Zacuala es tan rigurosa, que el edificio aparece como un inmenso libro cuyas páginas van desplegándose a la manera de los códices.”

El palacio de Zacuala tenía estanques interiores, un patio central, corredores y salas que formaban un conjunto de so­bria belleza. También poseía un compli­cado y extenso sistema de drenaje que, aún hoy, no permite que se inunde más de 2 000 años.

Hacia la parte sur de esta antigua construcción, pueden observarse sobre un muro excavado de casi 3 m de alto, siete capas que indican otros tantos periodos constructivos del palacio.

Rodeado por un muro que antigua­mente tuvo aproximadamente 5 m de altura, el palacio tiene aproximadamen­te 65 m por lado y la entrada principal está ubicada hacia el suroeste. Esta en­trada conducía a un espacioso vestíbulo cuyo techo estuvo soportado por ocho pilares distribuidos alrededor de un es­tanque de 7 m de largo.

El palacio de Yayahuala es un recinto amurallado situado unos 100 m al no­roeste del palacio de Zacuala. Mide unos 60 m por lado y tiene tres entradas, la principal hacia el oeste y dos secunda­rias, una hacia el^norte y otra hacia el sur. La entrada principal desemboca en un patio central que da a un altar con los clásicos tableros teotihuacanos. Alrede­dor de este patio central y sus altares podemos encontrar cubículos pequeños y medianos que probablemente fueron los dormitorios y las estancias de la casta sacerdotal teotihuacana. Por su construcción más abierta y am­plia, el palacio de Zacuala probablemente estuvo dedicado a celebrar en él fastuosas ceremonias, mientras que Yayahuala, por su carácter más recatado, sus grandes muros y pequeñas habitaciones, proba­blemente fue destinado a los aposentos privados de los sacerdotes.

Grave responsabilidad es la de preser­var el patrimonio milenario de la cultura mexicana. Es una responsabilidad que nos corresponde a todos en la medida de nuestros alcances y posibilidades, como ciudadanos comunes o como autorida­des legales. Creemos que al hacer un dramático llamado para el salvamento y la conservación íntegra de los palacios de Zacuala y Yayahuala -a escasos 50 km de la capital de la República-, estamos cumpliendo con nuestro deber de ciuda­danos mexicanos, preocupados por el rescate de miles de años de mexicanidad.

 

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Esta entrada fue publicada el marzo 20, 2012 por en Historia e Histeria.

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