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Invasión Tlalokan en la Ciudad Laguna. Primavera 2012

El paraíso al que se refiere la idea de Tlalokan es, en definición, reconciliación de partes, unión de dualidad, exaltación de las cualidades humanas, conexión universal, recompensa de vida a los sufrimientos terrenales, el paraíso se asocia a la religiosidad, a una complementariedad del humano con lo sagrado, referido a Tlaloc, es un lugar de reunión del cielo y de la tierra.

El Tlalokan como idea del paraíso en el mito precolombino se refiere aquí a la rememoración del paraíso perdido, a su vez también, de la vocación lacustre de la Ciudad de México que es pasado y memoria. La ciudad constituye también un mito, ahora de un orden o estructura civilizatoria que regula vidas, recursos, destinos.

La Invasión que hace referencia a éste lugar paradisiaco, pretende conjugar simbólicamente el cielo y la tierra a través de peces voladores que invaden el paisaje urbano, pretende evocar tanto la memoria como la ficción de un sitio específico como la Ciudad de México, en esta idea se entrelazan dos mitologías, dos ideas del mundo y de la vida.

Por ello, la acción de aparecer peces en cables colgados, intervención que emula prácticas urbanas de lanzar zapatos a los cables, aventar, lanzar hacia arriba, es una acción en respuesta a esos mitos, referencia al lugar -la ciudad- como estructura dominante que produce sus múltiples símbolos significantes para cada integrante de esta urbe.

Entonces es como, estas acciones se insertan dentro de ésta estructura simbólica, buscando producir otros signos que inviten a mirar hacia arriba imaginando, recordando, estructurando otros significados.

Estas intervenciones buscan insertarse dentro de otro lenguaje ya estructurado, el de las calles y avenidas de la Ciudad, que como ríos, estas avenidas y calles, con nombres de ríos que alguna vez lo fueron, evocan la memoria del pasado lacustre, nombrando con ello la ausencia de sus contenidos hidrológicos: Río Consulado, Río Churubusco, Puente de Alvarado, Río de la Loza, Salto del Agua, son a la vez conciencia de la falsedad de lo que nombran, o que nombran de otra forma, transformados en ríos de metales relucientes, ríos asfaltados, corren y atraviesan llevando consigo flujos humanos y vitales donde éstos tienen una vida distinta a la concebida a partir del flujo acuático.

Estos peces urbanos, cuya vocación está planteada de antemano, son simbología ecológica de el paraíso, que entendido sin la sacralidad del término, evocan el agua como fuente de vida, de placer, de onirismos, de lubricidad; búsqueda constante de recrearse por sí mismo en lo humano del goce.

Susana Gonzales

 

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Esta entrada fue publicada el mayo 29, 2012 por en Arte y Cultura.

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